• Nieves Monterde

La transformación de una cocina en un espacio moderno y funcional

Hoy quiero dedicar esta entrada a uno de los últimos trabajos que he hecho como interiorista.


Se trata de la renovación de una cocina antigua dotada de muebles al más puro estilo de los 70, pero sin nada de encanto 'vintage'. El revestimiento de paredes y suelos tenía, además, un color anticuado y aburrido.


Aparte de los problemas propios de la distribución inadecuada de la cocina, había un inconveniente que era preciso resolver: se trataba de una pieza aislada que estaba a la entrada de la casa con un pasillo adosado. La falta de ventilación e iluminación eran dos serios defectos. Era imprescindible integrar estos dos espacios en el apartamento, de una superficie de 70 metros cuadrados aproximadamente.


Hoy día, no se concibe una cocina como un espacio donde sólo se guisa o se come. Es también un lugar para donde se charla, se comparte. Con la reforma se aspiraba a que ganase en belleza y cobrase un sentido más amplio, de espacio multifunción.


Para solucionarlo, se optó por derribar los dos tabiques que separaban la cocina del pasillo y del salón, respectivamente, para generar un espacio diáfano y luminoso.



Esto resolvía un problema, pero creaba otro: la ausencia de paredes donde poner los muebles. La opción fue crear una divisoria con el pasillo aprovechando los muebles altos, que actuarían como una 'barrera' y darían una cierta intimidad al área de cocina cuando se abriese la puerta de entrada al apartamento. También permitía dar unos centímetros de ancho más a la cocina, y por tanto, hacer más cómodos los movimientos en su interior.



Una vez abordados estos dos aspectos, había que tomar decisiones respecto a la distribución de los espacios en la cocina. Se optó por una disposición perimetral. Los muebles se han organizado en forma de “U” invertida, con la zona de cocción en el centro y el fregadero y una superficie de trabajo a los lados. Ese bloque de armarios y encimera blancos da mayor sensación de amplitud y luminosidad.

La pila, bajo la ventana. Se situó en esta ubicación para gozar de luminosidad natural al preparar los alimentos. En el centro del espacio y orientada hacia la luz se instaló la zona de bancada tipo mesa.



En la parte derecha instalamos una torre con el horno y el microondas y, adosado, el frigorífico. Se han colocado en este lugar por el motivo antes señalado de aislar la cocina de la zona de entrada y porque son electrodomésticos que no necesitan toma de agua, lo que permite colocarlos sin pared. Su trasera genera un pasillo en la zona de acceso a la vivienda.


Lavadora y lavaplatos, que si tienen la servidumbre de tener toma de agua y desagüe, quedan ocultos para así integrar la cocina al salón ocultando electrodomésticos.


Un tercer factor que debe tenerse en cuenta en todo proyecto de interiorismo son los acabados, materiales y superficies que se escogen. Gama de color y texturas son básicos en el apartado de revestimientos.



En vez del clásico alicatado, en las paredes se ha instalado un práctico frente porcelánico simulando mármol que sirve de nexo de unión entre los armarios superiores e inferiores. Es una solución recurrente que aporta más luminosidad y sensación de amplitud.


Para la encimera se eligió Dekton, un material inmejorable para esta función, dado su resistencia a la abrasión, tolerancia al calor y maravillosa estética. Se decidió montarlo en un blanco mate, en contraposición del alicatado brillo. De este modo se crea un contraste manteniendo la gama de blancos y se genera un efecto óptico con el reflejo del brillo.





Finalmente en al apartado de iluminación se tomó la decisión de sustituir la lampara colgante por un plafón de techo, que desahoga el espacio y brinda una luz de trabajo homogénea y cómoda, y por crear un espacio de luz puntual sobre la barra mediante dos lamparas de la firma Aromas del Campo que bajan desde el techo y crean una agradable luz ambiente.


27 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo